lunes, 30 de julio de 2007

una copa con Peter Pan

Hace ya algún tiempo, un amigo que indudablemente tenía ganas de que no le volviera a hablar, me envió un correo muy gráfico que recuerda de forma digamos tragicómica, todas esas cosas que nos suceden tras cumplir una cierta edad. Cosas del tipo, "las 7 de la mañana es la hora a la que te levantas y no a la que te acuestas", "escuchas tu canción favorita en el trabajo y no en la discoteca", o lo que es peor, "la gente que empieza en la Universidad nació en 1989".
Y yo, en la barra de un bar, como si volviese a cambiar cromos en el patio del colegio, las enumeraba y repetía en voz baja -"sipi, sipi, sipi, joder Miguel"- protesté -"las tengo todas"- (Miguel es ese pariente que todo inestable emocional como yo debe tener, más que nada para que aporte ciertas dosis de cordura a mi rutina, aunque me temo que él va por ahí diciendo lo mismo de mi, con lo que no estoy seguro de cual de los dos está peor).
Lo que sé con certeza, es que el vértigo que sentí en esos momentos, unido a la más que probable ingestion desmesurada de bebidas alcohólicas (ser primo de Miguel es lo que tiene), fueron las causas que me decidieron a matricularme en la facultad, pero eso si, en la más cercana a casa, que tampoco hay que exagerar.
-"Voy a volver a estudiar"- decidí -"sin ninguna duda es la mejor manera de sentirme joven, ya sabes, Miguel, las clases, los amigos, las risas y si hay suerte algún que otro botellón, desde luego, no hay época mejor"- afirmé.
Miguel me miró, terminó su copa, movió la cabeza negativamente y dijo -"no tienes remedio, eres un claro ejemplo de adulto que pretende seguir comportándose de manera irracional, infantil e inmadura"- y volvió a beber.
-"¿Cómo?"-
-"Tienes lo que se ha dado en llamar síndrome de Peter Pan"-
-"¿Pero, qué dices?"-
-"Es definitivo, no te quieres hacer mayor"-
Este Miguel siempre poniendo el dedo en la llaga. Bueno, el dedo y si le dejan, el brazo hasta el codo -"de todas formas, no tienes de qué preocuparte"- continuó en tono tranquilizador -"que no quieras crecer, no implica que debas parecerte a él"-
-"¿Significa eso que no tengo que usar malla verde ni sombrero con pluma?"-
-"Creo que no"- contestó.
-"Pues menos mal"- suspiré -"aunque pensándolo mejor, esta noche tal vez podríamos imitarle intentando volar"-
-"¿Tomando una gran cantidad de copas"- me preguntó.
-"Elemental, querido Capitán Garfio, elemental"-.

jueves, 26 de julio de 2007

Presentación (con mayúscula)

Me han dicho los que saben de estas cosas, que lo primero que se debe hacer en estos casos es presentarse, y ya que mis padres han despilfarrado a lo largo de los años tanto dinero en mi educación, lo mejor será por tanto empezar por el principio:
Me llamo Pablo y este es mi blog. Pensando en el título que debía ponerle (al parecer, condición indispensable), el primero que se me ocurrió fue "Mi blog, Tu blog, Pa blog", pero por suerte enseguida me pareció terriblemente malo y lo rechacé. Más tarde, recordando las "entretenidas" clases de JoseViNovegil y en plan homenaje a Elvis, me decanté por "El Blog de la Cárcel", pero la verdad es que yo siempre he sido más de Loquillo, que ya es como de casa, así que también lo deseché. Al final, después de darle un montón de vueltas durante más de tres minutos y con un gran dolor de cabeza de tanto pensar, me decidí por "en la primera fila", que, extrañamente y como si se tratase de una ley no escrita, es el lugar donde habitualmente nos sentamos en clase todos aquellos que superamos la edad normal para un alumno de primero.
No sé muy bien en qué consiste un blog, pero tengo entendido que hoy en día todo el mundo tiene uno, y bueno soy yo para estas cosas. Que han salido los MP3, pues me compro uno inmediatamente; que ahora lo que se lleva son las PSP, pues a por ellas aunque no tenga ni idea de cómo funcionan; que hace falta una TDT para el televisor, pues venga, y ya veremos quién la instala; que ahora es el SPSS el que hace furor, pues me matriculo en Gestión y Administración Pública, aunque tenga la certeza absoluta de que eso si que no me va a servir para nada.
Y así, años después de la última vez que entré en una Universidad, he ocupado las tardes entre Septiembre y Junio asistiendo a unas clases (en algunos casos realmente pintorescas), en un Centro (con mayúscula), cuyo centro (con minúscula), en vez de ser un lugar de encuentro donde fumar (ah, que tiempos), charlar, e incluso, si había suerte, hacer aquello a lo que todos íbamos allí, que era ligar, se ha convertido en el espacio que ocupa una sucursal bancaria, si, si, como suena, ni más ni menos que una sucursal bancaria.
Por eso, y antes de empezar a estudiar la asignatura que me ha quedado para Septiembre (menudo plan), me voy a poner los auriculares, a encender mi MP3 (si acierto con los botones), y a disfrutar de alguna de las muchas y buenas canciones de Loquillo, sobre todo de aquella que decía: "... porque los tiempos están cambiando, porque los tiempos están cambiando, sin remisión".